
La apertura de importaciones aparece como uno de los factores que impactan en la industria nacional durante el gobierno de Javier Milei. En ese contexto, una de las empresas más emblemáticas del país, Lumilagro, tomó una decisión histórica: dejará de producir las clásicas ampollas de vidrio de sus termos y comenzará a importarlas.
Después de 83 años de fabricación en el país, la compañía apagó los hornos donde producía ese componente clave. La medida llega en medio de una fuerte caída de ventas y refleja las dificultades que enfrenta el sector industrial frente a la competencia externa.
Fundada en 1941, Lumilagro se consolidó durante décadas como una de las marcas más reconocidas del mercado de termos en Argentina. Sin embargo, en los últimos dos años la empresa sufrió una caída cercana al 50% en sus ventas, lo que derivó en un fuerte ajuste en su estructura laboral.
En ese período se produjeron 170 despidos, reduciendo considerablemente la cantidad de trabajadores. Actualmente la firma cuenta con unos 50 empleados directos y otros 50 indirectos, muy por debajo de los niveles que llegó a tener en etapas anteriores.
Desde la empresa reconocieron que el proceso fue especialmente duro tanto para la conducción de la compañía como para los trabajadores que llevan décadas vinculados a la fábrica.
El director ejecutivo de la firma, Martín Nadler, integrante de la cuarta generación familiar al frente de la empresa, recordó que la compañía atravesó distintos momentos difíciles a lo largo de su historia. Entre ellos mencionó la crisis económica de fines de los años noventa y el impacto posterior de la devaluación de 2001, que en ese momento mejoró la competitividad de la industria local.
Según explicó, entre 2002 y 2013 la empresa atravesó uno de sus períodos de mayor crecimiento, alcanzando incluso récords de ventas en 2012 con su tradicional termo de vidrio. Con el paso del tiempo, sin embargo, el mercado comenzó a transformarse.
Uno de los cambios más significativos fue la mayor presencia de termos de acero importados, principalmente provenientes de Asia. Durante muchos años estos productos eran considerablemente más caros que los de vidrio y no lograban imponerse entre los consumidores, pero con el tiempo fueron ganando popularidad y participación en el mercado.
A esto se suma, según la empresa, el ingreso irregular de productos desde países vecinos, lo que también impacta en la competencia. Estimaciones del sector indican que en Argentina se consumen cerca de cuatro millones de termos por año, aunque una cifra similar podría ingresar desde Paraguay y otras zonas fronterizas sin controles formales.
Desde la compañía también manifestaron preocupación por la calidad de algunos productos importados, al advertir que ciertos termos podrían estar fabricados con materiales no aptos para el contacto con agua caliente.
En este escenario, la decisión de dejar de fabricar las ampollas de vidrio en el país y comenzar a importarlas aparece como una estrategia para sostener la actividad de la empresa. Sin embargo, el caso vuelve a poner en evidencia las dificultades que atraviesan varias industrias locales frente al avance de las importaciones y los cambios en el mercado.
